¿Nos conocemos?

¡Hola! Emilse por acá (aunque casi todos me llaman Emi). La de la foto soy yo.

Acá se supone que te cuente que vengo de una familia de generaciones de músicos, que a los 7 años ya era una niña prodigio y que toco un instrumento prehistórico valorado en 150 billones.

No puedo.

No es mi caso. Y además no te sirve para nada.

Te cuento otra cosa.

Emilse Ríos sonriendo en una calle, con la voluta de su contrabajo apoyada en el hombro

En mi primer día con el instrumento, el profesor del conservatorio me escuchó y me dijo que el contrabajo no era para mí. Que mi mano era muy pequeña. Que no tenía fuerza. Que estaba pasada de edad.

Tenía diez años más que mis compañeros y estaba en la universidad estudiando Sociología. Empezar adulto a estudiar un instrumento tiene eso: para el mundo académico siempre vas atrás. Pero ciertamente tienes algo extra.

Me gusta llamarlo conciencia para estudiar.

¿Sabes?

Como cuando ves a esa gente en el gym con el celular en la mano y hablando mientras hace los ejercicios. En realidad no están haciendo nada, están perdiendo el tiempo, entrenando sin conciencia. En el contrabajo pasa igual.

Y esto de estar consciente y atenta a los detalles me funcionó. De hecho me volví una espía obsesiva: preguntando, investigando y estudiando.

Encontré maestros increíbles, de esos que no te encasillan en un libro y te hacen ver métodos «hasta que te salga bien». Los buenos maestros jamás hacen eso. Uno de ellos fue Félix Petit. Por cierto, a él le debo todas las audiciones que he ganado en orquesta.

Siento que en este camino desarrollé un superpoder: ver el detalle mínimo que está trabando a alguien cuando toca.

No es talento. No te lo enseñan en la carrera. Es lo que te pasa cuando observas mucho y de muchas maneras, sin aferrarte a ningún concepto.

En este camino encontré El Sistema de Orquestas de Venezuela, y ahí entendí por qué aquellos años del comienzo habían sido tan absurdos. Porque en El Sistema desde el día uno ya estás tocando en una orquesta. Así sea con cuerdas al aire y una sola posición, no importa tu edad, no importa tu contexto. Su lema lo dice todo: «Tocar y Luchar».

Para mi cerebro de socióloga eso encajó al instante: la música no es un club de talentosos, no tienes que ser un niño de 7 años con un don especial, y sobre todo, no hay que estar listo para salir a tocar.

En esos 10 años dentro de El Sistema aprendí 3 cosas que quiero compartir contigo:

Se aprende tocando.

Todos pueden lograrlo.

La constancia sin el enfoque correcto no sirve.

¿Por qué estoy segura de eso?

Porque siete años después de aquel primer «no» fui la primera mujer contrabajista en tocar como solista y en la fila de la Sinfónica de Maracaibo, mi ciudad natal. Terminé dando clases en el conservatorio que al inicio no me aceptó. Así son las vueltas de la vida.

Cinco años seguidos me invitaron a giras internacionales con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, bajo la batuta de Gustavo Dudamel y de maestros como Claudio Abbado.

Y en paralelo di clases: la Academia Latinoamericana de Contrabajo, el Conservatorio Simón Bolívar, la Universidad Nacional Experimental de las Artes, diez años formando orquestas infantiles y juveniles de El Sistema.

Después, en Argentina, la Universidad Católica Argentina y el Programa de Orquestas para la Equidad.

¿Y ahora?

En 2025 di un nuevo salto al vacío, o por lo menos así lo sentí en el cuerpo.

Renuncié a los puestos estables que había ganado por audición en Argentina — asistente de solista en la Sinfónica Municipal de Avellaneda y contrabajista de la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires — para viajar, tocar y conocer el mundo (un poco más).

Lo hago hasta hoy. Tengo base en Madrid y una academia online donde formo contrabajistas alrededor del mundo.

Si a ti también te dijeron alguna vez que estaba mal sin decirte cómo arreglarlo, creo que nos vamos a llevar bien. Cada semana te escribo y te cuento esos detalles.

En la academia además abro clases 1:1 por temporadas, formaciones y una membresía. Pero no las abro al público general: las comparto solo con mi comunidad. Esta es la puerta de entrada.